miércoles, septiembre 27, 2006

Uno más de cada verso


Sueños rotos, luces apagadas
se levanta el telón.
Estrellas suicidas, brumas
asesinas acuchillando el alma.
Notas de un violín atormentado,
fugaz recuerdo manchado
de sangre y tinta.
Hojas rasgadas por sombras
del tiempo, una lápida.

Suave matíz del vulgar amanecer,
triste crepitar del fuego abrasador.
Doradas palabras, tristes lágrimas
y muertas las rosas.
Posesión insignificante,
una vida corta.

Triste despertar de un pájaro cantor.
Bailan las ramas de su árbol,
inmune al tiempo.
Corona de flores apagadas,
marchitas, rotas por el tiempo y el olvido.

La lápida, de blanquecina pureza,
quebrada de negras y solitarias noches.
Soledad repleta de ángeles de piedra.
Rubores perdidos en alagadoras páginas.
Cariño sombrío en el rumor del agua.
Hasta siempre, en oro deborado,
el musgo ganando la batalla.
Testigo mudo del tiempo que pasa,
sin la caída de sus lágrimas.

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