
Borrando las sombras.
Despreciando un camino,
desapareciendo sus huellas.
El eco de una sonrisa en sus oídos;
maquillaje de lágrimas en su rostro
restos de un beso en sus labios.
El viento se desliza entre sus piernas,
levanta en remolinos sus cabellos,
acaricia suavemente sus mejillas.
Agita bruscamente sus sábanas.
Arranca de las cortinas un quejido,
arrastra lentamente por la habitación el alba.
Negros como la noche se abren sus ojos
su blanca piel deja deslizar su camisón.
Mira con desprecio el sol primaveral.
Borra los golpes con maquillaje y ensaya su nueva sonrisa.
Oye correr el cerrojo que la apresa
y tiembla al ver a su opresor.
Ya queda poco de su amor de antaño
tan solo las rosas amarillas con las que pide perdón.
Pero esta mañana ella siente que es diferente,
su alma ha decidido acabar con todo,
ya no le queda felicidad en sus rostro;
en sus ojos, tampoco quedan lágrimas.
Cerrando los ojos ante el vacío
sintiendo en su rostro la brisa del mar.
El sonido de las olas acompañan a su corazón
y con los brazos abiertos, abraza la libertad.