lunes, enero 21, 2008

Peregrino eterno

[imagen: Juan Manuel Castro Prieto]

Es un privilegio creerse débil, pues si te crees fuerte nunca puedes mostrar tu debilidad.
¿Qué crees ganar negándote a tí mismo tu vulnerabilidad?
Saberte perdido hasta que el tiempo se acabe engullido por las sombras de la desesperanza.
Te encuentras ante un abismo. Buscando en la oscuridad un sitio para caer.

Se ciernen sobre ti miles de dudas, deseas perderte en los recuerdos, formando un ente en la memoria de la historia. Abrazas los libros que te dan un resquicio de cordura, descansando tus llorosos ojojs sobre las letras que como espuma de transportan al paraíso de su mundo. Pierdes el tiempo que se escapa con tu respiración, pero te sientes vivo entre las páginas.
Vives la historia que se te cuenta, borrándote de tu consciencia la absurda vida que tejes con hilos de seda.
Tensas los músculos ante la palabra muerte, intentando oír en los susurros de los muertos tu nombre.
Tus ojos amargos no son más que mensajeros de tu desdicha, ilustrando en tu mirada tus deseos de inmortal inexistencia.
Vives eternamente caminando a solas en las tinieblas, absorbiendo la sabiduría de la tierra, ser el único que conoce los secretos que guarda el tiempo, lleno de lágrimas tu jubón; contemplando desde lejos la vida de las personas.

Tu, desdichado, que olvidado por los otros embargas de tu corazón todo sentimiento, harás de tu vida un mundo, robando sus historias, cabalgando a lomos de la tristeza.

viernes, enero 11, 2008

Luna eterna


Sin fuerzas para nada más
espero sentada el castigo
que mi cruel destino me reserva.

Tapié con gruesos muros tu nombre
para no tener que recordarlo,
no han cumplido su cometido,
los muros se han derribado.

Tu nombre volvió a mi
entre susurros de agua helada.
Me vi sorprendida de nuevo por el dolor.
No puedo creer que aún queden lágrimas.

La herida que creí cicatrizada en mi pecho
por la hermosura de una nueva esperanza
palpita incesante ahogándome en mi lecho,
su abrazo cálido tan solo fue una dulce anestesia.

La cálida sonrisa que antes me calmaba
se pierde en la niebla de tu mirada olvidada.
No quiero seguir las sendas de mi destino
Enterrada bajo recuerdos que asfixian mi alma.

No me permitiré cerrar mis ojos
y llorar silenciosamente, resignada.

Será bajo las estrellas del cielo
dejando ante la luna mi pecho descubierto
donde la herida del corazón quedará marcada
y en el hueco oscuro que dejaron tus besos
pondré yo tierra mojada.