
Sin fuerzas para nada más
espero sentada el castigo
que mi cruel destino me reserva.
Tapié con gruesos muros tu nombre
para no tener que recordarlo,
no han cumplido su cometido,
los muros se han derribado.
Tu nombre volvió a mi
entre susurros de agua helada.
Me vi sorprendida de nuevo por el dolor.
No puedo creer que aún queden lágrimas.
La herida que creí cicatrizada en mi pecho
por la hermosura de una nueva esperanza
palpita incesante ahogándome en mi lecho,
su abrazo cálido tan solo fue una dulce anestesia.
La cálida sonrisa que antes me calmaba
se pierde en la niebla de tu mirada olvidada.
No quiero seguir las sendas de mi destino
Enterrada bajo recuerdos que asfixian mi alma.
No me permitiré cerrar mis ojos
y llorar silenciosamente, resignada.
Será bajo las estrellas del cielo
dejando ante la luna mi pecho descubierto
donde la herida del corazón quedará marcada
y en el hueco oscuro que dejaron tus besos
pondré yo tierra mojada.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario